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JORGE TOLEDO: “GRACIAS A CENPAR ME CAMBIÓ LA CALIDAD DE VIDA, ESO NO TIENE PRECIO” 

Vivir la enfermedad con amor. Ésa es la consigna que Jorge Toledo, de 67 años, lleva adelante día a día frente al Parkinsonismo con Cuerpos de Lewy que le diagnosticaron hace casi dos años.

El camino a ese diagnóstico, sin embargo, no fue rápido. Todo comenzó cuando desde su trabajo en el CESFAM de Quilicura notó que al registrar su asistencia le temblaba el dedo. Eso se extendió luego a otros dedos de su mano y junto a su señora decidió consultar a un médico.

“El primer neurólogo me indicó que tenía temblor esencial”, recuerda Jorge, “pero decidimos consultar a un segundo doctor que me comunicó que tenía una enfermedad neurodegenerativa. Me dio el nombre de tres neurólogos especialistas en estas patologías. Así fue como conocí al doctor Roque Villagra, quien es director médico en CENPAR, y quien finalmente precisó mi cuadro médico y me diagnosticó Parkinsonismo con Cuerpo de Lewy”.

Decidir vivir en salud

Si bien no era un diagnóstico que esperara, Jorge lo tomó con calma. “El doctor me explicó de qué se trataba, lo que venía a futuro. Yo pensé que está enfermedad había que tratarla con mucho amor. Vivirla en salud y no en enfermedad, con el convencimiento de que hay que vivir a concho, lo que más pueda”.

Y así lo ha hecho. El doctor le dijo que fuera a CENPAR y sacó una hora para evaluación. “Me acuerdo que me costaba mucho caminar, apenas me podía levantar de mi silla y levantar los brazos, fue algo súper triste. Fue rápido el deterioro, porque no tomaba medicamentos ni tenía terapia. Sólo hacía puzles, sentado, no caminaba”, recuerda Jorge de esos primeros días, cuando la afectación en la parte motriz y cognitiva comenzaba a notarse.

CENPAR: “Ahora tengo otra vida, estoy estable”

Su llegada a CENPAR, afirma, le cambió la vida. “A mí me gustó todo, empezando por Vicente, que nos recibe en el ingreso, y Rita, en la recepción. Son muy amables, lo hacen sentir a uno acogido, es como llegar a la casa propia. Es una familia. Todos son muy buenas personas, empatizan con uno, van preguntando cómo van los ejercicios, si estamos bien o no. Gracias a este equipo estoy bien y me cambió la calidad de vida, eso no tiene precio”, destaca Jorge.

Desde entonces ha mantenido constancia en sus terapias. Lo hace por su bien y por su familia, dice, compuesta por su señora, tres hijos, diez nietos y 2 bisnietos. A CENPAR va dos veces a la semana, todas las semanas, habiendo postergado sólo algunas sesiones por compromisos puntuales, porque, la verdad, reconoce, lo pasa bien. “Tengo terapia neurológica y de rehabilitación. El kinesiólogo trabaja mi estabilidad, la fortaleza de mis músculos en piernas, brazos y pelvis; la fonoaudióloga me hace masajes faciales para reducir la rigidez, trabaja con laringe y garganta, promoviendo que mantenga los ejercicios en la casa; y el terapeuta ocupacional aborda conmigo mucho trabajo motriz”, explica.

Un mensaje final

De sus palabras solo hay optimismo y es lo que Jorge desea transmitir a quienes, como él, viven con una enfermedad que los acompaña día a día. “Hay que hacerse ayudar por un equipo como el que tienen en CENPAR, yo no sabía que existía algo así, tan humanamente bueno y doblemente perfecto en la parte profesional. Yo llegué a CENPAR casi no moviéndome y estoy muy bien ahora, haciendo mis ejercicios. Soy otra persona. Lo principal es aceptar la enfermedad, porque es un complemento más de nuestra vida. Hay que aceptarla; claro, no todos lo hacen de la misma forma, pero yo lo hice con amor”, finaliza Jorge.