VERÓNICA RECABAL Y LOS CONVERSATORIOS GRUPALES DE CENPAR: “ESTA INSTANCIA NOS HA
AYUDADO MUCHO A TODOS, HEMOS CONFORMADO UN GRUPO MUY CERCANO Y ENTRETENIDO”.
Durante el embarazo de su segundo hijo, hace 14 años, Verónica Recabal comenzó a sentir temblores en su cuerpo, sobre todo en sus manos. No imaginó qué podía ser, hasta que los exámenes para tratar una depresión en 2018 la llevaron al diagnóstico correcto, Parkinson, el que fue ratificado por médicos. Temor y desconocimiento, fueron los primeros sentimientos que la embargaron, principalmente por no tener ninguna cercanía con la enfermedad. Eso cambió cuando ingresó a CENPAR ese mismo año, lo que le permitió familiarizarse con ella, primero, mediante evaluaciones de kinesiología, neuropsicología y fonoaudiología y, posteriormente, en pandemia, a través de terapias por telemedicina. Aunque cuenta que debió dejar el tratamiento durante varios meses a raíz de una peritonitis de su marido y la complejidad para compatibilizar tiempos y rutinas, reconoce que las terapias han sido muy beneficiosas para ella. “La excelencia de CENPAR y sus profesionales, es indiscutible”, afirma.
Adicionalmente, Verónica participa de los conversatorios grupales organizados por Claudia González, trabajadora social de CENPAR, y quien ha liderado el desarrollo de estos espacios que nacieron durante la pandemia. “Esta instancia nos ha ayudado mucho a todos, para conocer a otras personas que conviven con Parkinson, otros síntomas. Hemos conformado un grupo muy entretenido, lo pasamos muy bien”, señala, agregando que es una forma diferente y más dinámica de hacer terapia.
Música y familia, sus cables a tierra
Pese a que el Parkinson le ha generado consecuencias como incontinencia urinaria, disfagia y rigidez en sus movimientos -razón por la que eligió voluntariamente usar bastón- Verónica se mantiene esperanzada y ha aprendido a convivir con la enfermedad. “Por ejemplo, me encanta manejar y lo seguiré haciendo hasta que sienta que puedo, y hasta ahora, es así”. Además, destaca que ha podido reencontrarse a sí misma a través de la música, pasión que es posible palpar cuando se le escucha hablar de ella y de su gran colección de vinilos.
Por otra parte, el apoyo de Gabriel, su esposo, sus dos hijos, Gabriel y Josefa, además de sus padres y hermanos, ha sido fundamental para Verónica. Su marido ha sido parte de todo este proceso y quien la cuida a diario. “Hay cosas que no me deja hacer porque sabe que son más riesgosas para mí, pero no me gusta invalidarme y quiero hacer todo hasta que pueda”, comparte, agregando -a modo de ejemplo- que no ha querido trasladarse al primer piso de su casa, que fue adaptado para ella, prefiriendo mantenerse en la habitación en la que ha convivido con su marido en los últimos años.
El sueño de viajar
Sus planes son continuar las terapias y conversatorios grupales en CENPAR, y así alcanzar uno de sus grandes sueños: viajar por diferentes lugares del mundo en compañía de sus hijos y su esposo. En paralelo, pese a que reconoce que el Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa, lo último que quiere transmitir es lástima. “A veces la gente me mira con pena y, no, yo quiero seguir haciendo lo que más pueda. Amo manejar, tengo el apoyo de mi familia y sueños que quiero cumplir. Esto es del día a día: algunos no me quiero ni levantar y en otras estoy súper activa, y esos hay que aprovecharlos y animarse”, finaliza Verónica, agradeciendo la posibilidad de contar su testimonio.