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CRISTINA ESPINOZA, PACIENTE DE CENPAR: “ENCUENTRO SÚPER POSITIVO QUE CENPAR TENGA
ALTERNATIVAS DE TERAPIA INTEGRAL, ESO ES MUY IMPORTANTE”

Fue en el año 2010 que Cristina Espinoza fue diagnosticada con Enfermedad de Parkinson. Lo que la alertó de que algo podía estar ocurriéndole a nivel de salud fue un temblor en la pierna izquierda y en el ojo izquierdo. “Con esas señales fui al neurólogo, quien me señaló que lo que yo tenía era temblor esencial. Después, como no se me pasaba, consulté a otro especialista y él me diagnosticó Parkinson”, recuerda Cristina.

Del Parkinson, no conocía nada. “Cuando me diagnostican la enfermedad, no lo podía creer, ‘no puede ser’, dije. Consulté a cuatro neurólogos más y me negaba a aceptarlo. Ya cuando el último médico me reiteró que esto era Parkinson, me dieron ganas de llorar. Fue muy fuerte”, comparte Cristina.

Hoy, con 65 años y doce años después de ese momento, reconoce que su vida ha cambiado. A raíz de los trastornos motores, dejó su trabajo como secretaria y solicitó anticipadamente una jubilación por invalidez. Tiene una perspectiva positiva de la vida, pero reconoce que por momentos las dificultades a veces afectan su ánimo.

“Ha sido complicado, sobre todo durante la pandemia. Como no podíamos salir, yo no hacía ejercicios, no tenía el ánimo. Aparte se me incrementó el temblor y se sumó una disquinesia. Eso me agota muchísimo, me canso y me duele”, cuenta.

CENPAR y los conversatorios
Su llegada a CENPAR, la ayudó a entender la forma integral de abordar el tratamiento de la Enfermedad de Parkinson. “Me interesó la multiplicidad de especialidades, ya que, por ejemplo, la cobertura del GES para el Parkinson no abarca el resto de las disciplinas, como la terapia ocupacional o la fonoaudiología”, opina Cristina.

Por lo mismo, ha valorado la experiencia en CENPAR. “Ha significado bastante, porque me ha ayudado a desempeñarme en la vida diaria, por ejemplo, en acciones tan básicas como pararse, no caerse, girar. Encuentro súper positivo que tengan alternativas de terapia integral. Además, los profesionales tienen un trato muy agradable, siempre se adecúan a las necesidades de cada paciente”.

Aunque en el último tiempo Cristina no ha podido asistir a las terapias de rehabilitación, sigue participando en los conversatorios online que Claudia González, trabajadora social de CENPAR, organiza de forma semanal desde la pandemia. “Hemos compartido experiencias, cómo nos hemos sentido. Uno aprende a conocer a la gente y les toma cariño. Entonces, eso también me ha servido”, relata.

Una mirada positiva del futuro
Con un fuerte apego a la vida espiritual, Cristina recalca que tiene ilusión en un futuro mejor. “He tenido mis momentos, sí, pero tener esta visión de esperanza, me da otra visión del futuro, de sentir que las cosas se van a solucionar”.

Por lo pronto, continúa haciendo actividades que le gustan, como leer y tejer a crochet, “me cuesta un poco por la motricidad fina, pero igual le hago empeño”, confiesa. Además, está apoyando a su única hija, quien vive en Barcelona, a preparar su matrimonio en Chile para el mes de diciembre. En eso también la ayudan sus hermanos, la familia a la Cristina acude cuando necesita apoya y contención.