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ROLANDO JIMÉNEZ Y SU VIDA CON PARKINSON: “EN LA MEDIDA QUE UNO COMPARTE DOLORES, SABERES Y EXPERIENCIAS, SE HACE MÁS FÁCIL EL CAMINO. LA RESPUESTA NO ESTÁ EN ATRINCHERARSE; HAY QUE SALIR”

“Era un ignorante absoluto respecto del Parkinson, acerca de qué lo provocaba, cuál eran los síntomas. Sólo sabía lo que usualmente se conoce de esta enfermedad, que uno asocia al temblor, así que tuve que aprender”.

Así recuerda Rolando Jiménez su primera aproximación con la Enfermedad de Parkinson, hace dos años y medio, cuando tras un accidente cerebrovascular, un cuadro de depresión y una seguidilla de consultas médicas, finalmente un neurólogo dio con su diagnóstico. Un cambio radical para este hombre de 63 años acostumbrado a la vida pública, como reconocido impulsor de causas sociales y de iniciativas en defensa del derecho a la no discriminación, fundamentalmente como histórico dirigente del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual, MOVILH, del que fue su vocero durante años.

“Creo que cuando a uno se le diagnostica una enfermedad como ésta, que es progresiva y crónica, se le cae el mundo encima”, comparte Rolando. “Con la autonomía con la que he gozado toda mi vida, al pensar en la posibilidad de tener que depender en el futuro de otras personas, pasé por las etapas que pasan las personas cuando tienen noticias que son relevantes y que generan un cambio en su situación cotidiana: el ‘por qué yo’, el duelo. Ahora estoy en una etapa de estabilización”, señala.

EL CAMINO DE LA TERAPIA INTEGRAL
Una estabilización a la que ha logrado llegar tras un periodo que, reconoce, no ha sido fácil. Primero, porque debió estar encerrado el primer año de pandemia, luego, porque pasó por un cambio de casa y, sobre todo, porque producto de las secuelas de la enfermedad, dejó de hacer actividades que le gustaban, como dictar clases en distintos espacios público-privados sobre temas de diversidad sexual, Derechos Humanos, leyes y políticas públicas.

“A mí me ha afectado el Parkinson, particularmente, la musculatura del lado derecho del cuerpo, brazos, piernas, los músculos de la garganta, el cuello, tengo dificultades para masticar. El Parkinson me ha puesto obstáculos de algo que me gustaba hacer, que era comunicar. De hecho, las vocerías las bajé a su mínimo, porque termino muy cansado”, cuenta Rolando. Enfatiza que tuvo que aprender a hablar de nuevo para recuperar un tono que fuera audible y entendible. Es aquí donde la ayuda de CENPAR, dice, ha sido clave.

SU EXPERIENCIA EN CENPAR
A CENPAR llegó por sus referencias en internet. Eso le permitió consultar y comenzar un tratamiento integral de rehabilitación, el que combina con la atención en el sistema público de salud. “En CENPAR encuentro la terapia semanal de la mejor calidad posible, tengo una relación muy estrecha con los terapeutas, todos muy pendientes de uno. Por ejemplo, cuando he dado entrevistas en televisión, me llaman y me dicen ‘estuvo hablando muy rápido’, ‘tiene que hablar más fuerte’ y me van monitoreando. Eso se agradece, porque es una preocupación que va más allá de las horas que yo tengo de terapia”, destaca Rolando.

Además, señala que lo que le ha generado una especial valoración por CENPAR es la “visión social que tiene en su idea matriz”. Ejemplifica con el convenio que el centro actualmente tiene con el Gobierno Regional Metropolitano y Fundación La Semilla para apoyar con terapias integrales a personas que no pueden acceder fácilmente a atenciones especializadas. Aquí, cuenta que ha colaborado a tender puentes con las autoridades regionales, apoyando con su experiencia en el relacionamiento público.

Mirando hacia el futuro, entrega un mensaje a quienes, como él, viven con Parkinson: “Si uno vive situaciones como una enfermedad crónica como ésta, en función de sí mismo, creo que pierde una posibilidad de ayudar, de entregar conocimiento y apoyo a otro. En la medida que uno comparte dolores, saberes y experiencias, se hace más fácil el camino. La respuesta no está en atrincherarse; hay que salir”.