Fue un temblor creciente en sus manos el que hizo a Ana María Idro, de 75 años, creer que podía tener Enfermedad de Parkinson. Era una patología de la que había escuchado, por lo que cuando un neurólogo le confirmó este diagnóstico tiempo después, no fue sorpresivo para ella.
Lejos de angustiarse, en busca de un espacio que le permitiera compartir con personas en su misma situación, llegó a CENPAR, hace ya tres años. De forma periódica realiza terapias de kinesiología presenciales y también a través de video llamadas. Señala que los pacientes con Parkinson requieren de constancia para continuar sus tratamientos, algo en lo que Ana María, reconoce, no siempre ha sido firme. Y es que cuenta que durante un tiempo el cansancio mental hizo que abandonara sus rutinas, pero la grata experiencia vivida en el centro la motivó a retomarlas y hoy, incluso, se siente parte de la familia CENPAR.
“Llevo harto tiempo, me siento como en casa”, comenta, destacando la atención de los profesionales “que son el pilar de las terapias y tienen muy buen trato”.
Los efectos de la pandemia
Si bien Ana María señala que el Parkinson ha sido desgastante, cuenta que también sus dolores musculares de base, con los que lidia hace años, han sido aún más perjudiciales, sobre todo con la pandemia. “De ánimo estoy bien y no tengo dolores asociados directamente por el Parkinson, son más por los problemas que tengo a la columna, que no tienen relación con la enfermedad. De hecho, estos han disminuido gracias a la terapia que tengo en CENPAR, sobre todo mis temblores”, indica. También, aunque asegura sentirse bien mentalmente, se apoya con un psicólogo, principalmente para combatir la depresión que en muchas ocasiones provocan en los pacientes las enfermedades neurodegenerativas.
“El apoyo de la familia y amigos es fundamental”
En el último tiempo, Ana María ha sufrido caídas que hacen que hoy ocupe un bastón y prefiera salir acompañada, principalmente de su hijo, con quien se fue a vivir a Viña del Mar por un tiempo, ya que generalmente reside en Providencia, Santiago, para acompañar a su hija en la crianza de una de sus nietas. Su núcleo familiar- compuesto por tres hijos, siete nietos y su hermana-, junto con sus amigas, han sido su pilar durante todo el proceso: “su apoyo ha sido fundamental”, agradece.
Uno de los objetivos de Ana María para este año es retomar algunos pasatiempos, como la decoración, tejer y leer (tuvo una tienda de decoración y tapicería cuando vivía en Arica, varios años atrás), además de participar activamente de un grupo que se dedica a realizar terapias para el crecimiento personal. Confía que con el apoyo de sus cercanos y siguiendo la terapia indicada por los profesionales de CENPAR, podrá mejorar su calidad de vida.